¿Y mi herencia?

Definitivamente que la muerte es algo a lo que nadie se resigna; es algo para lo que nadie, por más guapo que quiera parecer está preparado, y casi siempre resulta ser un hecho inesperado.

Pero así como inesperada es la muerte, más inesperada y hasta inverosímil resulta la actitud y el comportamiento de los familiares de algunos difuntos, sobre todo si éste contaba con unos cuantos ceros en sus cuentas bancarias o con algunas propiedades u objetos de valor.

Y es que muchas veces el muerto todavía está calientico en su urna, o todavía el enfermo millonario no se ha muerto, y ya empiezan los lambucios herederos a sacar sus cuentas y a frotarse las manos. ¡Así de miserable es el ser humano! ¿Cuánto me tocará? ¿Qué habrá dejado a mi nombre?

Es así. Decimos amar a nuestro papá, a nuestra abuela o a nuestro billetudo tío, pero basta que se muera o esté viejito y chuchumeco, y ya empezamos con la guerrilla, la cizaña y la habladera de paja por querer que nos toque una tajada, una cama, una mesa, un televisor o un chequecito de los muchos que tenía el muerto ricachón.

En lo personal, yo sufrí de esto que hoy les hablo. Es increíble ver cómo la gente llora y se rompe las vestiduras en nombre del “amor” profesado al muerto, pero basta que el muerto frío esté para que antes de que los gusanos den cuenta del difunto veamos LA VERDADERA cara y las verdaderas intenciones de tan “amorosas” y “desinteresadas” personas.

Y es que no siempre la responsabilidad de este bajo comportamiento es de los zamuros herederos, porque muchas veces la culpa de las matazones posteriores a la muerte del ricachón resultan ser culpa del mismo difunto, que durante toda su vida se encargó de dejar hijos regados como si de un conejo semental se tratara; o si por el contrario, no tenía hijos regados ni herederos directos, nunca se ocupó de dejar todo en orden. Y cuando digo TODO, me refiero a documentos, títulos de propiedad, cuentas bancarias, y cualquier otro aspecto legal que pueda dar lugar a una rebatiña carroñera por parte de los familiares que le sobrevivan.

En hospitales, funerarias, iglesias, casas de los difuntos, en fin, en cualquier lugar es muy normal ver gente llorando, gritando y arrastrándose por un familiar que ya no está… pero pasados unos días (a veces sólo minutos), los vemos buscando en gavetas y ropa vieja del muerto, “pa’ ver qué dejó”. O los oímos preguntando: “¿El tío no tenía más cuentas bancarias, prendas, terrenos, propiedades?”.

¡Coño de su madre la gente!

Definitivamente la gente es una mierda. Yo no creo en esos amores filiales “a toda prueba”, supuestamente “eternos”.

Si tú, que me lees, tienes hijos, pareja u otros familiares, y ya estás mayorcito y puedes pelar bola en cualquier momento, te recomiendo que pongas todos tus papeles en orden. Piensa muy bien a quién le dejaras cada cosa y déjalo por escrito (testamento). No tengas miedo de hacerlo. Hacer un testamento no es ni pavoso ni acelerará tu muerte. Más bien le harás un bien a todos los lambucios que sabes que tienes por familia.

Y si eres del otro bando, sí, del de los hijos de puta, que esperan que su abuelo, tío, o mamá se muera para “heredar” y estrenar, te tengo otro mensaje: ¡MALDITO SEAS!

Por ratas parásitas como tú es que hay desconfiados como yo. ¡Trabajen, desgraciados!

Ya tus padres te dieron la vida. No te deben nada. Tú en cambio sí les debes a ellos. Por lo menos honra su memoria y no te comportes como un saqueador de herencias. ¡NO SEAS MALAGRADECIDO!

Si tuviste un desastre de vida, no estudiaste, no te preparaste y en todo fuiste un fracaso, no vengas con tu sucia avaricia a buscar lo que el muerto te dejó. ¡Ten vergüenza!

Amigo lector, seguramente en tu familia hay unos cuántos como los que aquí describo.

Comparte conmigo y con otros lectores aquí tu experiencia y tu opinión al respecto.

Herencia

@gordonesroo
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Bloguero, Social Media Manager, Diseñador Web, Consultor en Marketing Digital y Emprendedor. Fanático de la tecnología, adicto a la información, maniático con la ortografía y WordPress Lover.Mis escritos siempre llevan mi opinión personal, mezclado con humor negro, sátira, sarcasmo... ¡y siempre libre de eufemismos!