El mamarrachismo del Metro y del Ferrocarril

No sé cómo es el Metro de Valencia o el de Maracaibo. Crecí y he vivido la mayor parte de mi vida en la capital, así que me referiré aquí sólo al Metro de Caracas y al Ferrocarril de los Valles del Tuy, los cuales uso casi a diario.

¿Qué le pasó a estas maravillas tecnológicas del país? ¿Por qué los dejamos perder así? ¿En qué momento perdieron el norte estas instituciones?

Yo soy de la generación del Metro, maravilla caraqueña y orgullo internacional. Un Metro iluminado, fresco, rápido y eficiente en todos los sentidos. Pero esta maravilla ya no existe. Lo único que queda es el recuerdo de unas impresionantes estaciones y estructuras arquitectónicas.

Del Ferrocarril de los Valles del Tuy no es mucho lo bueno que puedo decir. Porque aunque lo conocí de adulto, y aunque es tremenda obra de ingeniería, sus usuarios y quienes prestan el servicio hacen que sea un inmenso asco. Lo que hicieron con las manos lo destruyeron con los pies. Y me refiero a los que gobiernan y mantienen el control de estas instituciones de transporte masivo.

Mierda metro 3

El caos del Metro.

Del Metro ya he hablado en anteriores posts. Es increíble cómo esta institución pasó de ser un modelo a seguir a una cueva de ratas, de mafias y de sindicatos, cosa que se ve completamente reflejada en las instalaciones y en el servicio que “prestan”.

No funcionan las escaleras mecánicas ni los torniquetes, hay retrasos SIEMPRE, de hecho, si vives en Caracas tienes que calcular tus tiempos de llegada con retraso de Metro incluido.

No hay material para las tarjetas prepagadas que hace un par de años se utilizaron, la inseguridad reinante dentro de las estaciones y trenes ya está documentada en muchas páginas web y hasta en YouTube, y las entradas y salidas de las estaciones parecen verdaderos mercados libres.

Es que ya hasta el buhonerismo dentro de los trenes y en cualquier rincón de las estaciones lo vemos como normal.

¡Y los operadores no hacen nada! Te puedes conseguir vendedores de todo, de periódicos, de chucherías, de comida, de bebidas, en fin… ¿Y nadie hace nada?

Y lo de los retrasos, ¿Será consensuada entre todos los que trabajan allí esa perenne operación morrocoy? ¿A quién le reclama uno? ¿Al defensor del pueblo? ¿No forman parte de nuestros derechos ciudadanos el contar con un servicio de calidad? ¿A quién denuncio?

Y del MetroBus, ¿qué puedo decir? Un servicio que era impecable, prácticamente ejecutivo, se ha convertido en una línea de mamarrachos más. Choferes mal vestidos, vallenato, bachata y reggaetón a todo volumen atormentan a los pasajeros; no te dejan en la parada, se paran dónde les da la gana, montan gente hasta más no poder, los asientos y aires acondicionados están dañados, y en muchos lugares de la ciudad se observan grandes cementerios de estas unidades, que están paradas por falta de repuestos, chinos, por cierto.

La pesadilla del Ferrocarril.

También del Ferrocarril he escrito ya. Y esa basura de institución, lejos de mejorar, parece que día tras día se esfuerza en ser peor.

Los que allí trabajan te tratan como animal cuando te atienden. Si acudes a ellos a pedir información o preguntar algo, o no saben o te pelotean, si es que te responden, porque están muy ocupados con sus teléfonos como para hablarte.

Hay verdaderas mafias de vendedores ambulantes apoderados de estaciones enteras, en donde uno ve cómo cuentan el dinero de sus ventas, se reparten los vagones entre los vendedores y hasta se surten de mercancía, como si de un centro de acopio se tratara. Y todo esto ante los ojos pasivos de la Policía Nacional.

Las estaciones de acceso al Ferrocarril, siempre sucias, son verdaderos mercados de pulgas. Vendedores de todo, desde fritangas hasta ropa para niños. ¡Un verdadero caos! ¿Y quién regula esto?

¿No dizque supuestamente no hay desempleo en esta patria libre, soberana y revolucionaria? ¿Por qué sucede esto entonces? ¿Por qué la gente se rebusca así?

Y cuando compras tus fichas y recargas tus tarjetas, no te quieren dar el vuelto completo, o sea, que prácticamente los mismos empleados te atracan.

En fin que, de verdad que estos dos servicios, lejos de ser la gran solución para los habitantes de la Gran Caracas y zonas dormitorio aledañas, son un obstáculo más para los ciudadanos que necesitamos llegar a nuestros destinos a través de ellos.

El resentido de Barinas dijo una vez que dentro de Caracas cabía otra Caracas, y así lanzó el gran sistema ese corrupto de latrocinio gobiernero llamado Misión Vivienda, y gracias a esa sobrepoblación capitalina e improvisación populista, los servicios colapsaron, incluido el transporte.

Sí, sé que tú, chavista becerro que me lees, dirás que el Metro de Carcas transporta cada día 4364782884637 millones y millonas de ciudadanos dignos y dignas, y que el Ferrocarril de los Valles del Tuy hace lo mismo con 74629994 de beneficiarios diarios…

Está bien… pero… ¿y el servicio? ¿DÓNDE CONTABILIZAS LA MALDITA CALIDAD DE SERVICIO QUE NOS MERECEMOS, QUE ESPERAMOS LOS USUARIOS Y CON EL QUE ESTE “PROCESO” ACABÓ?

¿Por qué nos estamos acostumbrando, como ciudadanos, como sociedad entera, a un pésimo servicio? ¿Por qué nos comportamos como animales en estas instalaciones? ¿Por qué no cuidamos lo que tanto nos enorgulleció una vez?

¿Por qué tanta indolencia?

Es increíble ver cómo en otros países de América Latina que hace 5, 8 o 10 años no tenían Metro, y que ahora lo tienen, ser modelos a seguir en lo que a infraestructura ferroviaria se refiere, cuando Venezuela fue PIONERA, después de Norteamérica, en este servicio.

Estamos mal cuando como sociedad permitimos este “servicio”, pero estamos PEOR cuando nos acostumbramos a él y nos convertimos en parte del problema y no de la solución…

Como ciudadanos, ¿qué estamos esperando? ¿Qué el Metro y el Ferrocarril colapse definitivamente y vivamos en un caos, si se puede, aún mayor?

Mierda metro

@gordonesroo
@gordonesroo
Bloguero, Social Media Manager, Diseñador Web, Consultor en Marketing Digital y Emprendedor. Fanático de la tecnología, adicto a la información, maniático con la ortografía y WordPress Lover.Mis escritos siempre llevan mi opinión personal, mezclado con humor negro, sátira, sarcasmo... ¡y siempre libre de eufemismos!