Familias de funeral

people at a funeral in a cemetery

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Ya antes había escrito acerca de la muerte aquí en mi blog, pero hoy voy a hacerlo desde un punto de vista distinto…

¿No les ha pasado que hay miembros de su familia que tienen años que no ven, y que sólo los ven en un funeral, cuando precisamente fallece otro miembro de la familia?

¿También eres de los que tiene una familia muy, muy grande, que antes era muy unida en vacaciones, fin de año, cumpleaños, etc., pero que de un tiempo para acá ni se hablan, ni se llaman, ni se ven?

Entonces te sentirás identificado con este post y con lo que manifestaré a continuación.

No sé si sea por la crisis del país (hipótesis que para mí tiene menos peso y creo que debería tener un efecto contrario: en vez de separar, unir más), si por la distancia (familias muy grandes regadas por todo el país), o por la pérdida del líder, patriarca o matriarca que mantenía la cohesión y unión familiar, pero lo cierto del caso es que conozco ya muchas familias venezolanas que en décadas pasadas eran muy unidas, y en los actuales tiempos de vaina se saludan por Facebook.

¿Qué pasó? ¿Dónde quedó ese inmenso amor familiar demostrado e inculcado en el pasado?

¿Era mentira?

Familia funeral 2

Voy a poner como ejemplo a mi familia: los Gordones (familia paterna) y los González (familia materna), sin miedo alguno a revelar aquí “secretos de familia”, puesto que no diré nada privado ni prohibido, ni tampoco estoy mintiendo.

De mi lado paterno siempre hubo unión familiar mientras vivía mi abuela. No había fiesta de Navidad y fin de año que no pasáramos juntos, incluso cuando había algún muerto en la familia, celebrábamos con alegría recordando los buenos momentos que pasábamos con el difunto. En un cumpleaños, si no nos podíamos reunir físicamente, seguro tenías un torrente de llamadas desde muy temprano en la mañana. Hasta mariachis te cantaban por teléfono, y eran más de una las tortas que ese día comíamos. Regalos en Navidad y en cuanta reunión hacíamos había para todos, sin distinción: todos les regalaban a todos, desde el más anciano al más bebé.

No era una familia tan grande puesto que entre mi papá y mis tíos eran sólo 4, por lo que la cantidad de tíos, primos, nietos y sobrinos no era tan grande.

Pero luego que mi papá y mi abuela fallecieron, nos dejamos de reunir. Así, de la noche a la mañana. ¿Tristeza? ¿Amargura? ¿Dolor eterno? ¿Crisis? ¿Resentimientos ocultos? ¿Culpa de Chávez? No lo sé. Lo cierto del caso es que nunca, NUNCA, los miembros de la segunda y tercera generación nos llamamos, nos comunicamos o nos visitamos. Es que ni una llamadita en un cumpleaños uno recibe ya… ¿se acabó la familia?

De mi lado materno la cosa era distinta. Entre mi mamá y mis tíos sumaban 6; cada uno de mis tíos tenía no menos de 3 hijos. Y a esto había que sumarle los hijos con muchas otras mujeres (divorcios) que tenían mis tíos, lo cual sumaba un verdadero ejército de sobrinos, nietos, primos, primos segundos, bisnietos y tataranietos. Las reuniones de Navidad y cumpleaños de mis abuelos eran algo IMPELABLE EN EL AÑO, siendo una verdadera odisea (divertida, por cierto) la cantidad de colchonetas y chinchorros reunidos en la casa “de los viejos” para albergarnos a todos. Regalos había pa’ tirar pa’l techo. Recuerdo los mares de comida y bebida que pasaban ante mis ojos. Ropa heredada de mis muchos primos pasaban de primo en primo, juguetes y disfrute sinigual. Como en toda familia, siempre hay el “mojonia’o”, el que cree que caga más arriba del culo, y el más humilde o “pela bola”. Pero eso no era motivo para no reunirnos, siempre compartir, siempre llamarnos y siempre estar en contacto. Para cualquier cumpleaños, matrimonio, primera comunión, bautizo, graduación u otro bonche de los primos o tíos, siempre nos invitábamos, nos avisábamos, y si no podíamos ir, por lo menos estábamos todos pendientes de los logros y festividades de la familia.

Pero murió mi abuelo, mi mamá y otros tíos y primos… ¿Y qué pasó?

La familia se acabó.

Nunca más nos vimos, ni nos llamamos, ni nos reunimos, ni celebramos nada. De hecho, ha habido familiares que se han enemistado por ser unos opositores y otros chavistas. Y hasta a mí me han salido mis “unfollow familiares” en las redes sociales por pensar como pienso y opinar como opino. Hasta esos niveles llega “el gran amor” que había en mi familia.

¿Pesa más un cargo político o una idea chavistoide que la sangre? ¿Es más importante ahora cuánto ganas y a dónde viajas que el amor filial?

Ese es el panorama macro. El panorama micro es peor aún, y llevo algunos años analizándolo en silencio, viendo las mentiras de las personas, las falsas muestras de amor entre primos, tíos y hermanos, y las múltiples excusas que se esgrimen para justificar el desinterés y la desunión familiar. Que si la escasez, que si la inseguridad, que si el trabajo, bla, bla, bla.

Todo eso no puede ser MÁS IMPORTANTE QUE LA FAMILIA… ¿o sí?

El panorama micro, como mencioné más arriba, es el caso de mi familia directa: murieron papá y mamá, sólo somos tres hermanos, y nunca nos vemos, nunca nos reunimos y casi ni nos llamamos, por las múltiples excusas que ya mencioné, no esgrimidas por mí, por cierto.

Somos tan “amorosos” (y esto lo veo no sólo en mi familia, sino en muchas otras que he tenido la oportunidad de comprobar) que nos limitamos a los “likes” de Facebook y a los mensajitos por WhatsApp. A eso se redujo nuestro contacto familiar, con suerte.

Este mensaje no es para los Gozález, ni los Gordones. Vaya este mensaje para los Pérez, los Lezama, Los Carreño, los Brito, los Mejías, los Urbina, los Landaeta, los Sayago, los Zerpa, los Dávila, los Vargas, los Bustamante, los Loreto, los Martínez y un inmenso etc. de personas y familias que conozco, que sé que están desunidas, separadas, aisladas, ahogadas en la crisis, en los problemas, en las excusas.

Familia funeral 3

Sonaré cursi, pero… ¿y el amor? ¿Y la familia para qué carajos es? ¿No dizque para ayudarnos unos a otros?

Hemos dejado esas hermosas reuniones familiares de celebración de fechas especiales o importantes para vernos las caras con los primos y tíos sólo en un funeral (si acaso). Nos vemos cuando se muere la tía, el abuelo o el primo. Y allí recordamos lo bueno y gracioso que el difunto en cuestión era. Lloramos un ratico juntos y ya. A eso se han reducido las reuniones de muchas familias en Venezuela; y no sé si en el mundo entero esta es la tendencia también.

Y en el funeral vemos qué vieja está la prima, qué gordo está el tío, cuántos hijos tiene ahora la sobrina, y te enteras de que tienes un sobrino pelotero que parece tener futuro en el deporte, o un primo médico destacado que no veías desde que tenía 7 años.

Nos reunimos en un funeral (por eso el título de este post), lloramos ante un ataúd, nos damos el pésame, ¡y chao pesca’o! Nunca más volvemos a ver a la familia. ¡Y cada vez somos menos los que quedamos de esa generación que antaño se reunía y disfrutaba junta!

¡Qué cagada, vale! Se murió UN MIEBRO DE LA CADENA, ¡no la cadena completa!

Si nosotros, miembros de las segundas, terceras y hasta cuartas generaciones de nuestros apellidos, no inculcamos a nuestros hijos el contacto familiar por encima del like en Instagram, el compartir entre hermanos y primos por encima del video de Facebook, ¿qué creen que tendremos dentro de 5, 10, 20 o 25 años? ¿Te imaginas esa sociedad de gente aislada, familias rotas, enemistadas o desconocidas? Gente que anda por allí con tu mismo apellido pero que tú no conoces porque tus hermanos o tus primos no tuvieron las bolas de reunirse, de retomar el contacto familiar y la unión que nos inculcaron nuestros abuelos y nuestros padres. ¿Será cuestión de orgullo, o será simple peladera de bola?

¿O será que yo soy muy sentimental y ese amor nunca existió? ¿Todo era de mentira?

Señores, TODOS estamos mamando en Venezuela, ¿pero eso hace que no tengas tiempo ni para tomarte un vaso de agua con tus primos, hermanos o sobrinos?

Y no me salgas con la estúpida excusa de que ahora vives fuera del país, porque ni cuando estabas en el país mostrabas interés de reunirte con tu familia. Y ahora, estando afuera, ni el chat de Facebook usas, ¡mentiroso!

¿Serán la pérdida de valores y la descomposición social lo que está contribuyendo con este distanciamiento interno entre los miembros de una misma familia? ¿O será precisamente ese distanciamiento lo que descompone nuestra sociedad?

¿Qué opinas tú?

@gordonesroo
@gordonesroo
Bloguero, Social Media Manager, Diseñador Web, Consultor en Marketing Digital y Emprendedor. Fanático de la tecnología, adicto a la información, maniático con la ortografía y WordPress Lover.Mis escritos siempre llevan mi opinión personal, mezclado con humor negro, sátira, sarcasmo... ¡y siempre libre de eufemismos!
  • Dayana González

    Primo, casualmente hace poco le comentaba a mí mamá que era lamentable como nos hemos distanciado y precisamente le hacia referencia a algo de lo que hablas en tu post; la familia se reune solo cuando hay un funeral, para recordar y después de eso no hay más nada, cada quien por su lado..
    Es triste pero cierto..
    Y por supuesto, estoy clara de que no hacemos ningún esfuerzo por cambiar la situación.
    Está buena na reflexión para cualquier familia.
    Esperemos que llegue a la nuestra en particular.
    Un abrazote.

    • @gordonesroo

      Saludos, prima. Gracias por tu comentario. Ojalá…


  • Sin duda alguna es así. No vale la pena echar el cuento de los detalles, mi familia (que sí es bastante grande) lamentablemente no se reúne NUNCA y llamarse es casi una tortura…Ojalá fuéramos más unidos y menos familia de funeral…

    • @gordonesroo

      Es triste… 🙁