Venezuela descompuesta

Tenía tiempo sin contar aquí en mi blog un relato, una situación real de algo que vi. No me lo contaron, no lo soñé. Lo vi. Fui testigo presencial de los hechos que les contaré a continuación. Lo que leerán a continuación es un relato que explica brevemente la descomposición social de Venezuela:

Recientemente me encontraba yo en una parada de autobús para dirigirme a mi casa, cuando veo que se acerca un indigente, todo harapiento, sucio, maloliente, barbudo, desdentado y con cara de enfermo pidiendo dinero para “fumarse un cigarrito”. Se podrán imaginar mi cara de asombro y desconcierto: ¿No pides dinero para comer o para medicinas sino para un vicio? ¡Maldito seas!

Yo NUNCA le doy dinero a nadie en la calle. Es una ley de vida que tengo desde siempre, y en este caso no fue la excepción. Vi al mendigo con mi cara de culo y ni se me acercó. Pero el pintoresco personaje siguió con su “ayayay” hasta la cercanía de otras personas que estaban también en la parada de buses. En el grupo de personas nadie le dio dinero, y todos voltearon la cabeza hacia otro lado; únicamente un niñito, como de 10 o 12 años, y que también estaba en el lugar, se le acercó al mendigo. Intercambiaron unas palabras, que no pude escuchar del todo, y el chamito sacó su cartera y llamó al señor a acercarse al buhonero más cercano (uno de esos que venden café, chucherías, alquilan teléfonos y venden agua y cigarros), y cuál fue mi sorpresa cuando el carajito en cuestión pidió un cigarro, lo pagó (300 bolos) y se lo dio al indigente.

Yo me quedé estático, pasmado, viendo la dantesca escena y pensando: ¿Qué coño pasa aquí? ¿Qué vaina es esta? ¿Intervengo o no intervengo? Y mi actitud, como para con la mayoría de mis “semejantes” a mi alrededor fue: mejor no me meto, ese no es mi peo.

Lo cierto del caso es que el chamito, sonriente, guardó su billetera y le entregó el cigarro al pedigüeño, el vendedor rápidamente tomó el dinero y lo guardó en su bolsillo, y el mendigo siguió su camino, feliz y echando humo como una chimenea andante.

Al rato, ya en el autobús, me fui pensando tantas cosas… ¡este país está muy jodido! Y me dije: esto tengo que plasmarlo en mi blog.

Luego de este suceso, aparentemente insignificante para el descerebrado e inconsciente venezolano promedio, nos podemos hacer las siguientes preguntas:

Del niño

  • ¿Qué hay en la cabeza de un niño de 12 años, que le compra un cigarro a un adulto que no tiene para comprarlo él? ¿Por qué un niño de 12 años y que andaba solo en la calle tiene plata, no sólo para su pasaje, sino para comprar más cosas? ¿Será que el niño pensó que eso fue una “buena acción”? ¿Quién orienta a ese chamito? ¿Dónde están sus padres? ¿Estos se enterarán de esta “buena obra” de su hijo?

Del vendedor

  • ¿Qué tan hijo de puta podemos ser por un poco de dinero? ¿Hasta dónde llega la miseria de un “comerciante” que es capaz de venderle vicios a un menor de edad?

Del mendigo

  • ¿De verdad estará tan mal que acepta dinero o vicios de un niño? ¿Ese cigarro le calmaría el hambre? ¿Estará en esa condición por verdadera necesidad o porque es más fácil pedir que trabajar? ¿Ese malviviente votaría por Chávez? ¿Qué otras cosas extrañas y tétricas habrá hecho ese tipo con tal de dar lástima y se apiaden de él?

Tú, lector, probablemente me dirás: ¿Por qué tú, Roosevelt, no hiciste nada, como decirle NO al vendedor o al niño, o llamar a un policía? Y lo único que te puedo responder es: ¿Tú estás loco? ¿Arriesgarme a que el indigente me tratara de dar un coñazo por impedirle recibir una limosna? ¿Exponerme a que el buhonero trajera a unos panas malandros y me quisiera dar unos tiros ahí mismo por tumbarle una venta? ¿O que el mismo carajito me mentara la madre y me lanzara un botellazo por entrometido? ¡Qué va! Mi intento de coartar uno de los miles de hechos de descomposición social y personal que suceden a diario en Venezuela no haría la diferencia. Este país está sumido en una degradación tal que un gesto como el mío sólo serviría para que me jodan a mí, no para que esta maltrecha sociedad cambie o mejore.

Sí. Es cierto y estoy plenamente consciente del cliché ese que dice: “Si quieres que las cosas cambien, empieza por cambiar tú, no esperes que cambien los demás”, pero en este caso en particular no hay ningún cambio personal interno que valga. Yo puedo ser buena persona, buen ciudadano, y si los demás no quieren ser buenos ciudadanos, buenos padres o buenos hijos, de nada sirve mi “intención”.

Cuando veo cosas como las que les acabo de relatar es que pienso que Venezuela no tiene remedio, ya no tiene compón.

¡Este país se fue a la mierda!

Ni que vengan Mandrake, la Liga de la Justicia o el genio de la lámpara, Venezuela se arreglará, porque el daño y la descomposición social de este país es tan grande (como lo menciono en mi relato), que veo muy difícil que este país salga alguna vez de la crisis y pase a ser una nación completamente estable, próspera y desarrollada. ¡Sus habitantes son una mierda!

¿Qué opinas tú de esto? ¿Qué habrías hecho en mi caso?

@gordonesroo
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Bloguero, Social Media Manager, Diseñador Web, Consultor en Marketing Digital y Emprendedor. Fanático de la tecnología, adicto a la información, maniático con la ortografía y WordPress Lover.Mis escritos siempre llevan mi opinión personal, mezclado con humor negro, sátira, sarcasmo... ¡y siempre libre de eufemismos!